Todavía te falta
- Diana Olmos
- Jun 8
- 5 min read
Recuerdo perfectamente llegar de la escuela a mi casa, lo que no recuerdo con exactitud era mi edad, tal vez unos 5 o 6 años. Ese día nos habían enseñado a leer, me imagino que es un proceso largo, pero ese día recuerdo con mucha emoción haber podido entender las letras y frases de los papeles por primera vez en mi vida. Aventé la mochila a las escaleras de la entrada, mi mamá como buena ama de casa de aquella época, estaba en la lavandería, saqué un libro de mi mochilita, me acerco a ella y le digo ¡Mamá, ya se leer!, recuerdo tener emociones que me sobre pasaban, aún las tengo, nunca fui una niña tranquila, era un huracán de emociones.
Empiezo a leer la primera oración que encuentro en el libro mientras mi mamá sacaba ropa de la lavadora, me paré en la puerta de la lavandería a enseñarle mi nueva habilidad, claro, no era perfecta pero yo sentía que era lo máximo... termino de leer y mi mamá me dice: "Todavía te falta", haciendo referencia a mi habilidad de lectura. Mi corazón se rompió, aún me da tristeza y es un recuerdo que guardo en mi mente con claridad. Han pasado ya muchísimos años de aquel momento y se lo he reclamado a mi mamá muchas veces jaja, incluso platicado esta anécdota a algunos amigos y a mi esposo que hasta me hace burla con la frase, se que mi mamá hizo lo que pudo con las herramientas que tenía, no la culpo aunque me afectó mucho...yo crecí sintiendo que no era buena para nada o que nunca alcanzaría la aprobación. En la juventud, una época de inseguridades, perseguí muchos sueños, los mas importantes: ser fotógrafa o maquillista. Me fascinaba ese mundo, todo el tiempo quería crear y experimentar, pero no tome un curso que me validara, no me certifiqué de ninguna manera y a pesar de que muchas personas confiaban en mí y les gustaba mi trabajo, abandoné el sueño porque me acechaba el no ser lo suficientemente buena y mis propios juicios, tenia 14-17 años, hoy veo mis trabajos y digo wow.. era buena, en eso años vi como gente que consideraba menos talentosa que yo (oops), lo que para mi habría sido llegar al éxito, todo porque ellos sí creían en sí mismos. Fue duro.
LLegué al mundo laboral, un call center, ¡que horror! Por necesidad y practicidad acudí a este centro con mi solicitud de trabajo directo a la entrevista, yo consideraba que tenía un buen nivel de inglés, ya que había estado en una escuela bilingüe toda mi vida, aplique para una campaña en inglés, me entrevistaron y me sentí cómoda, pasaron los días y fui aceptada, empezó mi entrenamiento y me di cuenta que la campaña que me asignaron era en español, me sorprendí demasiado y empecé a cuestionar si realmente hablaba bien inglés o qué se necesitaba para ser aceptada en esas campañas, una decepción más, en una época ya menos insegura, pero en una etapa nueva, que era la laboral. Al final me di cuenta que mi nivel era suficiente, simplemente estaban buscando llenar la campaña por necesidades del negocio.
Empecé a trabajar en un corporativo, donde tuve la oportunidad de ser reconocida múltiples veces por mis talentos (que son varios, eh!) en esta empresa fui: maquillista, maestra de ingles, actriz, alumna, modelo, diseñadora e instructora de taller, también conocí a mi pareja, ahora mi esposo. A pesar de ese reconocimiento tenía dudas de mi y mis talentos; pero iba mejorando.
En ese momento donde crecía laboralmente aún me encontraba muy insegura de empezar algo por miedo a no ser suficiente, no había desaparecido esa inseguridad. Yo vivía en Monterrey, la cual me parece una ciudad donde se fomenta de gran manera el emprendedurismo (mi anhelo y tortura) cuando conocí a Ricardo (Ric/el mochi), pude ver como él había comenzado muchos proyectos en su vida, algunos tuvieron más éxito que otros, pero él tenía todo ahí exhibido en las redes (youtube, facebook, etc) me sorprendí porque regularmente la gente nos encargamos de tratar de no dejar huella de lo que fue nuestro intento de negocio, por ¿miedo?, ¿pena? (al menos ese concepto tenía yo) , no lo sé, pero él tenía todo ahí disponible, me asombró.
Pasamos de ser amigos a novios y él tenía un negocio de video ó producciones audiovisuales y yo veía como compraba muchas herramientas y gastaba dinero en capacitarse constantemente (cursos, software, etc) y pensaba: "que desperdicio de dinero", obviamente se lo dije 🤣, era una chiquilla, él me explicó que todo era una inversión para su negocio, son herramientas que iban a ser necesarias en un futuro o serían tendencias y él tenía que estar preparado, me motivó a hacer lo mismo; En ese momento yo tenía muchas ganas de comprarme un ipad y apple pencil para practicar el lettering, confié en él... Lo admiraba mucho, la madurez y seguridad que tenía y sigue teniendo me hacía sentir soportada aún y que teníamos una relación muy joven.
Lo hice... compré el ipad y apple pencil, un gasto enorme, que dejó de sentirse así a los días... me lleno de mucha emoción y entendí de lo que él hablaba. Pasaron algunos meses, decidí comprar un curso en Domestika, bajo la idea de invertir en mi conocimiento, el curso se llamaba "Descubre tu estilo de ilustración" algo que me llamaba mucho la atención entonces, lo concluí y amé el resultado, empecé a practicar la ilustración con mis amigos y ya con menos miedo que antes subí la imagen a mis redes sociales, y sucedió... a alguien le gustó tanto, que me pregunto si las vendía, lloré de la emoción, no lo podía creer.
Uno de mis sueños más grandes era vender mi arte, lo había logrado. Me emocionaba mucho la idea de que a alguien le gustara tanto lo que hago que me pagara por ello. Aprobación + dinero jaja
En ese momento entendí que aunque no fuera perfecta podía intentar, fracasar o triunfar; que si empezaba por no juzgarme a mí misma, me liberaría; que al atreverme a confiar en mi sin buscar la aprobación, todo era posible... He empezado muchos proyectos desde entonces, unos más exitosos que otros :) pero cada uno igual de satisfactorios.
Agradezco profundamente la exigencia de mi mamá que me ha ayudado a reconocer cuando "todavía me faltaba", hoy, a tantos años de distancia de esa tarde en la lavandería, abrazo con mucha ternura a esa Diana de 6 años que leía emocionada. Si pudiera viajar en el tiempo, me pararía al lado de ella y le diría que no se preocupe, que mi mamá tenía razón, pero no de la forma en que lo entendimos en ese momento.
Sí, "todavía nos faltaba". Nos faltaba romper nuestros propios límites, viajar, equivocarnos, seguir emocionandonos al crear y descubrir todo de lo que somos capaces. Esa frase que durante años cargué, hoy es mi mantra y mi brújula.

Gracias especiales a mi mochi por acompañarme en este proceso de crecimiento, llenarme de amor, dedicación y ayudarme a alcanzar todos mis sueños.
Y a ti gracias por leer,
Diana

Comments